Régimen de Nicaragua niega el traslado o liberación de Brooklyn Rivera
Régimen de Nicaragua niega el traslado o liberación de Brooklyn Rivera El caso de Brooklyn Rivera se ha convertido en el epítome de la disputa entre “cuidado médico” y “castigo ejemplar”: el régimen se aferra al hospital, la oposición exige la salida inmediata del país. En el centro, un líder indígena de 73 años en estado crítico y bajo custodia policial.
El relato oficial: medicina, no política
El Ministerio de Salud asegura que Rivera atraviesa “múltiples crisis” y “extrema debilidad”, razón por la cual “no puede ser trasladado ni a su domicilio, ni a otros centros o a otros países, por riesgos a su vida”. El gobierno insiste en que recibe atención de juntas especializadas en neurología, neumología, cardiología y nefrología en el hospital Fernando Vélez Paiz, y presenta la negativa al traslado como una decisión estrictamente clínica, calificando las demandas de liberación como “ingenuidad médica”.
Rosario Murillo refuerza esa narrativa con un tono piadoso: dice que continúa orando por Rivera y pide a Dios “alivio y consuelo” para su familia, subrayando que hay nuevos especialistas valorando su caso.
La otra versión: castigo, cinismo y responsabilidad de Estado
Para la familia y la oposición, ese relato es un maquillaje tardío. La hija, Tininiska Rivera, rechaza “categóricamente” el comunicado oficial y acusa al régimen de intentar mostrar un “supuesto trato humanitario” mientras mantiene el secuestro y el maltrato en la cárcel. Organizaciones y medios independientes recuerdan que el deterioro de Rivera ocurre bajo custodia estatal y exigen su excarcelación humanitaria.
Desde el exilio, Dora María Téllez resume el sentir opositor: “Cinismo total el de los Ortega Murillo… Eso es un crimen que han cometido”. Juan Sebastián Chamorro subraya que Brooklyn “entró sano” y ahora es mostrado “agonizante” tras años de prisión, responsabilizando directamente a la dictadura.
La grieta es clara: el régimen habla de diagnósticos y protocolos; sus críticos, de tortura lenta y responsabilidad penal. Y mientras Managua discute si moverlo lo mata, la comunidad internacional presiona para que lo liberen antes de que sea el encierro el que termine de hacerlo.
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