Muere el líder indígena miskito Brooklyn Rivera bajo custodia del régimen de Ortega

El líder indígena miskito Brooklyn Rivera falleció mientras se encontraba bajo custodia del gobierno de Nicaragua. El régimen confirmó su muerte atribuyéndola a complicaciones del COVID-19, pero opositores, organizaciones de derechos humanos y su familia responsabilizan a las autoridades por su deceso tras casi tres años de desaparición forzada y aislamiento. Su hija ha solicitado ingresar al país para realizar los funerales según las tradiciones de su pueblo.
Muere el líder indígena miskito Brooklyn Rivera bajo custodia del régimen de Ortega

Muere el líder indígena miskito Brooklyn Rivera bajo custodia del régimen de Ortega La muerte del líder miskito Brooklyn Rivera no solo cierra una biografía clave del Caribe nicaragüense: desnuda dos relatos irreconciliables sobre el poder, la prisión y la responsabilidad del Estado.

El parte oficial: “hermano” cuidado hasta el final

En la versión del régimen, Rivera es “nuestro Hermano Brooklyn”, víctima de una bacteria generada por el COVID-19, atendido con “enormes e intensos esfuerzos” médicos hasta su último aliento. Estuvo “acompañado con Cariño y Fé” por familiares, una pastora morava y el operador sandinista Lumberto Campbell, mientras el MINSA y Medicina Legal cumplían los trámites de rigor. En la misma tónica piadosa, los medios oficialistas se limitan a mostrar honras fúnebres discretas en el cementerio privado Sierra de Paz, en Managua, lejos de la Costa Caribe donde nació y luchó.

La otra narrativa: desaparición forzada y asesinato político

La oposición y organizaciones de derechos humanos hablan de otra cosa: de un preso político mantenido casi tres años en desaparición forzada e incomunicación, cuya muerte “no fue por las enfermedades que lo aquejaban, sino de casi tres años de encarcelamiento” y condiciones carcelarias crueles. Un medio opositor lo resume sin matices: “A Brooklyn Rivera lo asesinó la dictadura”.

Bianca Jagger responsabiliza directamente al régimen por una detención arbitraria, desaparición forzada y reclusión incomunicada que terminaron con un hombre en “estado físico severamente debilitado” y falla multiorgánica, siempre bajo custodia estatal. Otra crónica habla del octavo preso político muerto en manos del sandinismo desde 2019, y del tercero en diez meses, calificando el caso como crimen de lesa humanidad.

La familia: duelo, desmentido y disputa por el cuerpo

En el centro de la fractura está Tininiska Rivera. Desde el exilio, desmiente que la familia estuviera con su padre en sus últimos momentos y denuncia meses “sin acceso a información directa, sin poder verlo, hablar con él o acompañarlo”. Reclama poder entrar al país, recibir el cuerpo y enterrarlo en Sandy Bay “junto a su pueblo”, como él pidió en vida.

Mientras el oficialismo exhibe funerales exprés y controlados en Managua, la hija exige acompañamiento internacional para evitar que incluso los ritos funerarios del líder miskito queden secuestrados por el mismo Estado que lo tuvo preso hasta la muerte.

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