Muere Wendy Sepúlveda en Neiva tras ser quemada viva por su expareja
Muere Wendy Sepúlveda en Neiva tras ser quemada viva por su expareja Una joven de 24 años, madre de un niño pequeño, advertida y no escuchada, terminó quemada viva por su expareja en Neiva. El país discute ahora si este es un “caso más de feminicidio” o la prueba brutal de que el sistema de protección a las mujeres está colapsado.
Los hechos que nadie discute
Tanto medios críticos como afines al Gobierno coinciden en la brutalidad del crimen: Wendy Johana Sepúlveda fue citada por su expareja en una vivienda del barrio El Obrero, donde él la roció con gasolina y le prendió fuego antes de huir. La joven sufrió quemaduras en más del 80 % de su cuerpo y agonizó durante seis días en una clínica especializada de Medellín, donde finalmente murió.
La Fiscalía capturó al agresor, Yesid Alexander Rojas, quien aceptó los cargos, inicialmente por feminicidio agravado en grado de tentativa, reclasificados luego como feminicidio agravado consumado.
Enfoque de la oposición: énfasis en el horror y la sanción
Los medios de línea más crítica ponen el acento en el impacto del crimen y la respuesta punitiva. Subrayan que el hombre fue enviado a prisión tras el ataque y que “falleció joven rociada y quemada con gasolina por su expareja: irá a prisión”. También destacan la agonía de Wendy y el duelo de la madre, que asumía que “era muy imposible que pudiera salvarse con esas quemaduras”.
Medios afines al Gobierno: el foco en las alertas ignoradas
La prensa alineada con el Gobierno enfatiza la falla institucional previa: Wendy había advertido que su expareja “la podía matar” y la familia denuncia que desde enero acudieron a las autoridades, pero “no fueron escuchadas”. Estos medios también resaltan la escena de un agresor que se duerme en la audiencia mientras ella agonizaba, así como la precariedad de una familia que ahora debe recolectar dinero para repatriar el cuerpo y enterrarla en Neiva.
En lo esencial, ambos relatos convergen: Wendy fue asesinada por un hombre que la venía amenazando. La diferencia está en el énfasis: unos se quedan en la cárcel del feminicida; otros, en un Estado que llegó tarde, cuando ya solo quedaba contar los días de agonía.
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