Descubren túnel transfronterizo entre Tijuana y San Diego

Autoridades mexicanas y estadounidenses descubrieron un sofisticado túnel de casi 600 metros que conectaba un negocio en California con Tijuana, México. El pasadizo, equipado con rieles, ventilación y electricidad, era presuntamente utilizado por el Cártel Jalisco Nueva Generación para el tráfico de drogas. Cuatro personas fueron detenidas y se incautó más de una tonelada de cocaína.
Descubren túnel transfronterizo entre Tijuana y San Diego

Descubren túnel transfronterizo entre Tijuana y San Diego Un túnel de casi 600 metros que une Tijuana con San Diego vuelve a poner bajo tierra el verdadero mapa del poder en la frontera: de un lado, gobiernos que celebran un “golpe” al narco; del otro, un crimen organizado que demuestra capacidad industrial para perforar estados.

El relato oficial: éxito contra el CJNG

Desde la óptica institucional, el hallazgo es una medalla más en la guerra contra el narcotráfico. El operativo de inteligencia en Nueva Tijuana permitió ubicar una “sofisticada estructura utilizada para actividades ilícitas” bajo una vivienda usada como centro logístico criminal. El túnel, con unos 265 metros del lado mexicano y 6,3 metros de profundidad, contaba con iluminación, ventilación y un mecanismo electrónico deslizante para mover carga bajo la frontera.

El golpe no fue menor: cuatro presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación fueron capturados y se incautó más de una tonelada de cocaína —unos 1.029 kilos en 851 paquetes— valorada en 45 millones de dólares, recuerda la cobertura que documenta cómo “descubren túnel secreto entre México y Estados Unidos”.

Washington mira el túnel como infraestructura estratégica

Del lado estadounidense, el énfasis está en la escala y la ingeniería. El Departamento de Justicia describe un “sofisticado túnel transfronterizo de casi 600 metros” que conectaba un pequeño negocio Buy 4 Less, cerca de Otay Mesa, con Tijuana, usado para traficar cocaína. La cavidad tenía 589 metros de longitud, 16,7 metros de profundidad, paredes reforzadas, rieles, ventilación y electricidad.

Aquí, los nombres propios importan: Gregorio Epifanio Hernández López y otros tres acusados enfrentan cargos de conspiración y uso de un túnel para tráfico de drogas, tras meses de vigilancia a un local con “empleados” que movían maletas y bultos pesados entre la tienda, vehículos y la frontera.

Un éxito… que también revela un fracaso

Ambas narrativas coinciden en el tono triunfalista y en la cifra millonaria del decomiso. Pero, en contraste, el propio expediente oficial desnuda la otra cara: seis meses de operaciones intensas, una obra de ingeniería subterránea y más de 230 túneles hallados desde 1990 no hablan solo de eficacia estatal, sino de un enemigo que sigue cavando —literalmente— bajo el discurso de victoria.

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