Polémica por supuesto desplante de James Rodríguez a la hija de Gustavo Petro
Polémica por supuesto desplante de James Rodríguez a la hija de Gustavo Petro La Selección Colombia se fue al Mundial con bandera, sombrero vueltiao… y una tormenta política encima. Un gesto de segundos entre James Rodríguez y Antonella Petro terminó convertido en juicio nacional de carácter, ideología y fair play.
Por un lado, el relato cercano al Gobierno presenta un desaire frío y casi simbólico. James, capitán y figura, habría “negado una foto” a la hija menor del presidente Gustavo Petro en pleno acto privado de entrega del pabellón nacional, que además se hizo sin prensa y anunciado a última hora. El detalle del contexto importa: jugadores con “caras largas” en la tarima, saludos de mala gana y un ambiente tenso mientras el mandatario les obsequiaba sombreros vueltiaos.
Desde ese ángulo, el foco está en la niña. “Antonella es una niña a la que le gusta el futbol, su pasión por despedir a la selección era genuina, no tenían que ser unos cabrones”, reprochó la concejala oficialista Heidy Sánchez, elevando el episodio a un tema de respeto, machismo y empatía. La acusación contra James escala incluso al plano moral: se le tilda de “machito con una niña” y de provocar un “desplante tan horrible”.
Del otro lado, el relato opositor —y futbolero— pide bajar el drama. El periodista Carlos Antonio Vélez, históricamente crítico de James en lo deportivo, esta vez se le pone al lado: sostiene que en el video se ve un saludo normal, que el capitán “sí cumplió con el saludo y el protocolo correspondiente” y que simplemente siguió su marcha, quizá sin oír la solicitud de foto en el ruido del evento.
Aquí, el foco no es la niña, sino la instrumentalización del balón. Vélez denuncia interpretaciones “malintencionadas” del clip, habla de que se está “hilando muy delgado” para fabricar cortinas de humo frente a los problemas de fondo del país y exige dejar de meter al fútbol en el “estiércol” de la pelea política cotidiana, en plena coyuntura electoral.
En resumen, donde unos ven a una niña humillada por un ídolo distante, otros ven un saludo rutinario inflado por la polarización. El video dura segundos; el eco político, como siempre en Colombia, promete durar mucho más.
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