Estados Unidos sanciona al presidente cubano Miguel Díaz-Canel y a miembros de la familia Castro
Estados Unidos sanciona al presidente cubano Miguel Díaz-Canel y a miembros de la familia Castro Estados Unidos ha vuelto a convertir a Cuba en campo de batalla simbólico: para Washington es una “nación fallida” que debe cambiar de régimen; para La Habana, un país asediado que resiste otra vuelta de tuerca del “imperio”. En medio, una población ya exhausta por la peor crisis en décadas.
Las nuevas sanciones del Departamento del Tesoro apuntan directamente al corazón del poder cubano: Miguel Díaz‑Canel, su esposa Lis Cuesta, su hijastro Manuel Anido y miembros de la familia Castro como Alejandro Castro Espín y su hijo Raúl Alejandro Castro Calis. Las medidas bloquean activos y prohíben transacciones con los sancionados, y se suman al embargo vigente desde 1962 y a un bloqueo petrolero de facto que ha profundizado la escasez de alimentos, combustible y medicinas en la isla.
La versión de Washington: presión máxima
Medios opositores subrayan que esta ronda es parte de una estrategia explícita de “presión” de la administración Trump para forzar cambios económicos y políticos en la isla. El propio Trump ha calificado a Cuba de “nación fallida” y ha dejado claro su objetivo: “Tenemos que deshacernos del régimen”, dijo al anunciar las sanciones contra el círculo familiar y militar de Díaz‑Canel y Raúl Castro.
La contraofensiva de La Habana: soberanía y resistencia
Desde el lado alineado con el Gobierno, el relato es el inverso. Díaz‑Canel denuncia una “lista ilegítima de sanciones” orientada a “reforzar las medidas de bloqueo y el escenario de conflicto entre Cuba y Estados Unidos”, y acusa a Washington de “agresividad y perversión”. El canciller Bruno Rodríguez habla de “vil inclusión” y de la “última muestra del plan intervencionista estadounidense” que busca presentar a Cuba como “amenaza a la seguridad nacional” de EE. UU., advirtiendo que cada intento de “construir un escenario de conflicto” está condenado al “fracaso”.
Coincidencia incómoda: la crisis es real
Ambos bandos admiten, aunque por razones distintas, que la isla vive su peor crisis económica y humanitaria desde 1959. Washington la usa como prueba del fracaso del sistema; La Habana, como evidencia del efecto devastador del embargo y las sanciones. En el choque de narrativas, lo único indiscutible es quién paga la cuenta: los cubanos de a pie.
https://nicaragua.layer3.press/stories/019e98ae-2589-2b01-7375-1eb0f014fbd5
Write a comment