Celebran Corpus Christi con la tradicional procesión de los Diablos Danzantes de Yare
Celebran Corpus Christi con la tradicional procesión de los Diablos Danzantes de Yare La danza de los diablos volvió a tomar las calles de San Francisco de Yare, pero este Corpus Christi el estruendo de maracas y tambores sonó más ralo: la tradición resiste, mientras la migración la vacía.
Un mismo ritual, dos relatos
Desde medios alineados con el oficialismo, el énfasis está en la épica de la continuidad. Los titulares subrayan que los Diablos Danzantes de Yare “mantienen viva una tradición de 277 años pese a la migración”, recordando que la manifestación fue reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial y que sigue siendo una ofrenda al Santísimo Sacramento en la fiesta de Corpus Christi.
Otra cobertura, también cercana al relato gubernamental, repite la idea de resistencia, pero admite con mayor crudeza el impacto demográfico: los diablos “celebran Corpus Christi dejando ver efecto de la migración venezolana”. La imagen es la misma —trajes rojos, máscaras exuberantes, el único tambor marcando el paso—, pero el encuadre es distinto: se celebra el triunfo del bien sobre el mal, mientras se cuela el dato incómodo de los que ya no están.
Fe que se hereda, país que se vacía
Ambos relatos coinciden en presentar la cofradía como una cadena intergeneracional: promeseros que entran de niños y suman medio siglo bailando ante el Santísimo, “porque eso viene de generación en generación”. La diferencia está en el subtexto: para unos, la noticia es que la danza sigue; para otros, que cada año hay menos danzantes.
Mientras el gobierno exhibe la procesión como vitrina de “normalidad” cultural, las propias fotos de la fiesta terminan contando otra historia: la de un país donde incluso los diablos sagrados deben reorganizar filas para tapar los huecos que deja el éxodo.
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