Disidencias de las Farc atacan en Remedios, Antioquia, dejando tres muertos

Un grupo armado, presuntamente de las disidencias de las Farc, atacó la zona rural del municipio de Remedios, Antioquia. En el hecho, incendiaron dos viviendas y secuestraron a cuatro personas; tres de ellas fueron encontradas sin vida, mientras que una sigue desaparecida.
Disidencias de las Farc atacan en Remedios, Antioquia, dejando tres muertos

Disidencias de las Farc atacan en Remedios, Antioquia, dejando tres muertos En Remedios, Antioquia, la masacre es un hecho; lo que está en disputa es el relato político. Mientras la comunidad cuenta muertos y casas quemadas, gobierno y oposición se acusan, directa o veladamente, de haber dejado crecer a las disidencias.

Lo que pasó, sin adjetivos

Ambas orillas coinciden en el horror básico: un grupo armado, señalado como disidencias de las Farc, llegó a la vereda Las Camelias, incendió dos viviendas y secuestró a cuatro personas. Tres aparecieron muertas; una sigue desaparecida.

Los titulares, casi calcados, reflejan esa mínima zona de consenso: “Disidencias de las Farc quemaron dos viviendas en Remedios, Antioquia: hallan tres cuerpos, uno sigue desaparecido” frente a “Disidencias incineraron dos viviendas, mataron a tres personas y secuestraron a otra en Remedios, Antioquia”.

En qué insisten la oposición y los críticos

Desde el ángulo opositor y de medios críticos, el foco está en la escalada violenta y la incapacidad del Estado para contenerla. Se habla de “alerta máxima” en Antioquia frente a “una nueva acción violenta atribuida a las disidencias de las Farc en el Nordeste del departamento” que agrava la crisis de seguridad regional.

La narrativa subraya un patrón: más territorio controlado por grupos armados, más ataques contra campesinos y una institucionalidad desbordada.

El giro político del sector cercano al gobierno regional

La versión alineada con las autoridades departamentales enfatiza el terror local —“los habitantes de la vereda Las Camelias… son presa del pánico”— pero de inmediato pone nombre propio al enemigo: alias “Jhon Fiera”, cabecilla del frente 4, vinculado a la estructura de “Calarcá”.

Allí el relato se vuelve abiertamente político: se cuestiona “la pasividad del Gobierno” y se denuncia que Calarcá “sigue cometiendo crímenes contra la población civil” mientras, según el gobernador, el gobierno Petro “no lo toca”.

Coincidencias y choque

Coinciden en el diagnóstico inmediato: hay una masacre, un secuestro y una población aterrorizada. Divergen en la causa de fondo: para unos, el vacío de seguridad en regiones olvidadas; para otros, una política nacional blanda frente a unas disidencias que aprendieron a moverse entre negociaciones, elecciones… y fuego.

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