La Fiscalía acusa formalmente al presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa
La Fiscalía acusa formalmente al presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa La joya de la corona del Estado colombiano, Ecopetrol, entra a juicio político y judicial sin cambiar todavía de timonel: su presidente, Ricardo Roa, llega formalmente acusado por la Fiscalía mientras el Gobierno insiste en blindar su proyecto energético.
Qué dice la Fiscalía
La acusación es frontal: Roa habría incurrido en tráfico de influencias ligado a la compra de un apartamento de lujo en el norte de Bogotá a un precio muy por debajo del mercado. La Fiscalía radicó el escrito de acusación a través de la Dirección Especializada contra la Corrupción, llamándolo a juicio como “presunto responsable del delito de tráfico de influencias”.
Según investigaciones previas, el ente acusador sostiene que Roa habría presionado dentro del grupo empresarial Ecopetrol para beneficiar con contratos al excoronel de la Policía Juan Guillermo Mancera, intermediario en la compra del inmueble, operación en la que se habrían usado pagos canalizados por la empresa Innova Mercadeo y Logística LTDA.
Además, la Fiscalía cuestiona que el apartamento, con un valor real estimado en 2.700 millones de pesos, se vendiera por 1.800 millones, otorgando a Roa un beneficio cercano a los 927 millones por debajo del mercado. La operación se habría cerrado cuando Roa aún no era presidente de Ecopetrol, pero ya se perfilaba para el cargo, lo que, según la acusación, agrava el posible conflicto de interés.
El ángulo político y corporativo
Los medios alineados con el Gobierno subrayan que se trata de un proceso en curso, no de una condena, y remarcan que Roa mantiene licencia de su cargo mientras avanza la causa. Sin embargo, también destacan la gravedad del señalamiento: la Fiscalía “acusa formalmente a Ricardo Roa por presunto tráfico de influencias en caso Ecopetrol”, y lo “llamó a juicio” en un caso que conecta negocios inmobiliarios, viejas relaciones del sector petrolero y contratos estratégicos de la compañía estatal.
Entre el discurso de presunción de inocencia y el de ejemplaridad anticorrupción, Roa se convierte en el símbolo de una tensión mayor: hasta dónde puede llegar el proyecto político del Gobierno cuando el corazón financiero del Estado está sentado en el banquillo.
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