EE. UU. acusa al régimen de Ortega de usar reformas financieras para reprimir

El gobierno de Estados Unidos denunció que las recientes reformas financieras en Nicaragua, impulsadas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, tienen como objetivo intensificar la vigilancia y persecución de opositores. Según Washington, las nuevas leyes permitirían congelar activos y aumentar el control sobre la sociedad civil, en lugar de combatir actividades criminales.
EE. UU. acusa al régimen de Ortega de usar reformas financieras para reprimir

EE. UU. acusa al régimen de Ortega de usar reformas financieras para reprimir El pulso entre Washington y el régimen de Daniel Ortega vuelve a pasar por los bancos, no por las urnas. Las reformas financieras en Nicaragua ya no son un tecnicismo legal: son el nuevo campo de batalla político.

Washington: leyes con rostro de seguridad, alma de represión

Desde la oposición y medios críticos se resume sin rodeos: “EE.UU. acusa a Ortega de usar leyes para perseguir opositores”. La denuncia sostiene que los cambios a la Ley 977 y a la Unidad de Análisis Financiero no están pensados para atrapar lavadores de dinero, sino para “ampliar los mecanismos de control estatal” sobre organizaciones y críticos.

Otro medio opositor dice que Washington ve en este paquete una forma de “institucionalizan la represión” en Nicaragua, al permitir que el régimen acceda a información financiera detallada, con capacidad para congelar activos y presionar a empresas, ONG y medios.

La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental va más allá: estas reformas “no están diseñadas para proteger a los ciudadanos de actividades criminales, sino para incrementar la capacidad del régimen de controlar organizaciones, congelar activos y perseguir a quienes considere una amenaza”. En resumen: “EE. UU. denuncia que Ortega usa leyes para congelar activos y perseguir opositores”.

Relato oficial y matices: seguridad vs. asfixia

Desde el ámbito más cercano al gobierno se admite la crítica de Washington, pero se subraya el marco antilavado: se trata de reformas a la legislación contra el lavado que obligan a los bancos a reportar en detalle “todas las compras, retiros y transacciones realizadas con tarjetas de crédito y débito”.

Ahí está la grieta central: para EE. UU. y la oposición, es un sistema diseñado para “controlar finanzas y asfixiar a la sociedad civil”; para el orteguismo, un refuerzo técnico contra delitos financieros.

La coincidencia incómoda: todos reconocen que el Estado verá más y sabrá más sobre cada movimiento de dinero. La verdadera disputa es quién pagará el costo político de ese nuevo ojo financiero.

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