Autoridades venezolanas piden calma a la población tras sismo de 7.1

Tras un sismo de magnitud 7.1 que se sintió en gran parte de Venezuela, autoridades como el ministro Diosdado Cabello instaron a la población a mantener la calma. Se recomendó resguardarse y mantenerse alejado de edificaciones altas como medida de precaución mientras se evalúa la situación.
Autoridades venezolanas piden calma a la población tras sismo de 7.1

Autoridades venezolanas piden calma a la población tras sismo de 7.1 Un sismo de magnitud 7.1 sacudió el norte de Venezuela, se sintió en buena parte del país y dejó una pregunta inmediata en el aire: ¿basta con llamar a la calma cuando tiembla a esta escala?

Gobierno: calma, disciplina y esperar el parte oficial

La narrativa oficial se mueve en un solo tono: serenidad y obediencia a las orientaciones de las autoridades. Los titulares lo resumen sin matices: “Ministro Cabello insta a la calma tras sismo de 7.1 y reporta zonas” y “Autoridades de Venezuela llaman al resguardo y calma de la población tras sismo de 7.1”.

Según estos reportes, Diosdado Cabello pidió a la población “mantener la calma y permanecer fuera de las edificaciones como medida preventiva ante la posibilidad de réplicas”, mientras el gobierno “evalúa la situación y monitorea las zonas que han sido calificadas como ‘complicadas’ en Caracas”. La instrucción central: resguardarse y mantenerse alejado de edificaciones altas “tras el evento telúrico registrado en Caracas y otras regiones venezolanas”.

Lo que se dice… y lo que falta

En el relato alineado al gobierno, el énfasis está en la disciplina ciudadana y en la imagen de un Estado que ya está “monitoreando zonas complicadas”. No hay, al menos por ahora, espacio para el balance de daños, la infraestructura vulnerable o el historial de preparación ante desastres.

La calma, presentada como virtud cívica, también funciona como contención política: bajar la ansiedad, controlar la narrativa y concentrar la atención en la vocería oficial. Mientras los reportes hablan de “resguardo y calma de la población”, quedan en segundo plano las preguntas sobre protocolos, simulacros y capacidad real de respuesta.

En un país acostumbrado a crisis superpuestas, el terremoto abre otra grieta: la que separa el llamado a la tranquilidad de la necesidad de transparencia y rendición de cuentas cuando la tierra deja de estar firme.

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