¿Perdónanos, supéralo y vente? Prohibido olvidar
En 2026, estamos padeciendo los remanentes de un discurso que durante 27 años ha propagado la violencia, el avasallamiento, el resentimiento, el odio, el irrespeto y la indignidad. Un lenguaje que nació limitado a unos dogmas anacrónicos, conjeturas confusas, eslóganes y ficciones sin esperanzas de realización. Un lenguaje reduccionista que impuso los estrechos límites de la visión unilateral de Chávez y sus cómplices al resto de la sociedad. Un lenguaje destructivo y pervertido, debido a la ilegitimidad, indignidad, la mentira, la corrupción y la deshumanización del régimen, pues para lograrlo debieron recurrir a la fuerza bruta contra la voluntad de los otros, despreciando su dignidad, persiguiendo, torturando y asesinando a los disidentes, conduciendo al colectivo a espacios prepolíticos, presociales, primitivos. Pedir que superen y olviden lo que el mal radical les ha ocasionado es otro tipo de violencia contra las víctimas.