El desafío de la madurez
Conocí a Carlos Rangel no solo como pensador, sino como interlocutor exigente. Fue, junto con Sofía Ímber, uno de quienes más me estimularon a emprender Primer Plano. No porque buscara adeptos ni discípulos, sino porque creía que la discusión pública debía elevarse, incomodar, romper la cómoda pereza de las explicaciones fáciles. Carlos no hablaba para tranquilizar conciencias; hablaba para despertarlas.
El desafío de la madurez Carlos Rangel fue un interlocutor exigente que impulsó la discusión pública a incomodar y despertar conciencias, alejándose de explicaciones fáciles. Su obra se basó en la idea de que América Latina se ha contado una historia que la exculpa de sus fracasos, culpando a factores externos en lugar de asumir responsabilidad propia. Rangel entendió que este desplazamiento de la culpa era el fundamento de un fracaso recurrente.
- Carlos Rangel era un pensador e interlocutor exigente que estimulaba el debate público.
- Creía que la discusión pública debía elevarse, incomodar y romper la pereza de las explicaciones fáciles.
- Su obra criticaba la narrativa latinoamericana que exculpa a la región de sus fracasos, atribuyéndolos a fuerzas externas.
- Rangel consideraba que el desplazamiento de la culpa hacia el “otro” era el cimiento ideológico de un fracaso recurrente en América Latina.
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