50 años después…

Conversamos largamente, mi padre y yo, sobre Del buen salvaje al buen revolucionario. Su opinión del libro seguía siendo magnífica, pero no estaba exenta de un cierto tono agridulce, diría incluso melancólico, porque era evidente que, a pesar de que la realidad había convalidado una y otra vez las ideas de Rangel sobre esa zona periférica de Occidente que llamamos América Latina, él sabía que moriría sin haber visto, salvo excepciones pasajeras, ese punto de inflexión, ese salto cultural e institucional, que permitiera esperar de la región el pleno desarrollo en un horizonte de tiempo razonable. Los mitos que habían embrujado ideológicamente a los latinoamericanos seguían allí, a pesar de tantos fracasos comprobados y de tantos ejemplos de éxito de países que en otras partes del mundo habían actuado a contrapelo de ellos. Esto daba al texto de Rangel una cualidad doble de índole contradictoria. De un lado, lo convertía, o más bien lo confirmaba, como un texto excepcional, en el sentido literal del término, y de otro lo colocaba, junto con algunos textos de otros autores “excepcionales”, como Octavio Paz, por ejemplo, dentro de esa reserva moral de escritos latinoamericanos cuyas enseñanzas no se habían traducido en el progreso de sus pueblos. No se trataba de una derrota definitiva, por supuesto, pues la historia con mayúsculas no está escrita y siempre cabe la posibilidad de que las buenas ideas —los conceptos de democracia liberal, Estado de Derecho, propiedad privada, libertad individual, libre comercio, libre empresa— arraiguen en nuestras tierras de manera sostenida y amplia, pero mi padre ya sabía que no le tocaría ver ese momento. “A mí tampoco”, le respondí yo, a pesar de la diferencia de edad (él era treinta años mayor que yo), con cierta resignación.
50 años después…

50 años después… El libro “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Rangel es considerado excepcional por su análisis de América Latina, pero su autor lamentaba no ver el punto de inflexión necesario para el desarrollo regional. A pesar de los fracasos y los éxitos de otros países, los mitos ideológicos persisten, impidiendo que las buenas ideas como la democracia liberal y el libre comercio arraiguen de manera sostenida. La obra, junto a otros textos esclarecedores, representa una reserva moral para enmendar el rumbo, ante la persistencia del mercantilismo, estatismo y populismo en la región.

  • El libro “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Rangel sigue siendo valorado, pero con melancolía por no ver el esperado punto de inflexión en América Latina.
  • Los mitos ideológicos que embrujan a los latinoamericanos persisten, a pesar de los fracasos y ejemplos de éxito en otras partes del mundo.
  • El texto de Rangel, considerado excepcional, forma parte de una reserva moral de escritos cuyas enseñanzas aún no se traducen en progreso para los pueblos.
  • La historia no está escrita y existe la posibilidad de que conceptos como democracia liberal, Estado de Derecho y libre empresa arraiguen en la región.
  • Actualmente, países clave de América Latina están en manos de variantes del mercantilismo, estatismo y populismo, y persisten problemas como el chavismo y la Revolución cubana.
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