Los devotos del poder
Ver a un ciudadano inteligente justificar lo que hace un año habría calificado de corrupto es una de las experiencias más desoladoras de la política contemporánea. No ocurre porque haya cambiado su escala de valores. Ocurre porque ha cambiado el bando del implicado.
Los devotos del poder La política contemporánea muestra la desoladora tendencia de ciudadanos inteligentes a justificar actos corruptos si el implicado pertenece a su “bando”. Esto ocurre cuando la ideología sustituye a la conciencia moral y la defensa de la identidad colectiva prima sobre la exigencia de responsabilidades. Una sociedad sana exige que incluso los simpatizantes reclamen responsabilidades a los suyos ante indicios graves de corrupción.
- Los ciudadanos tienden a justificar la corrupción si el implicado es de su propio “bando” político.
- El fanatismo político lleva a defender identidades en lugar de principios o la verdad.
- La corrupción prospera con un ecosistema de silencios: periodistas que relativizan, militantes que justifican e intelectuales que miran a otro lado.
- La degradación social comienza cuando una parte de la ciudadanía renuncia a su obligación moral de juzgar los hechos.
- El problema no son las ideologías en sí, sino las personas dispuestas a justificar injusticias por pertenecer a una “tribu”.
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