Celebraciones por la victoria del PSG en la Champions League terminan en disturbios en Francia
Celebraciones por la victoria del PSG en la Champions League terminan en disturbios en Francia Una ciudad que celebra en el Palacio del Elíseo mientras arde en los Campos Elíseos: la victoria del PSG en la Champions convirtió a Francia en un escaparate perfecto de su propia fractura social.
Éxtasis oficial: bicampeón y foto con Macron
En la versión triunfalista, Francia es la capital del fútbol europeo. El PSG se consagra bicampeón de la Champions tras vencer al Arsenal en penales en Budapest, segundo título consecutivo del club y estatus histórico en el torneo. El relato deportivo subraya la “hazaña” de revalidar la corona y consolidarse como potencia del continente.
El presidente Emmanuel Macron se prepara para sellar esa narrativa con una recepción solemne en el Palacio del Elíseo: recibirá a jugadores y cuerpo técnico, y ofrecerá un discurso que presenta este éxito como prueba de “la excelencia del fútbol francés” y recompensa al “esfuerzo y el talento” del equipo y su afición.
Francia en llamas: zona de guerra y batalla campal
Mientras tanto, las crónicas alineadas con el gobierno pintan un país desbordado por la violencia. Lo que empezó como concentración festiva de unas 20.000 personas en los Campos Elíseos derivó en “graves disturbios”, con 780 detenciones y 57 policías heridos en toda Francia, 283 arrestos solo en París.
Los titulares hablan de París convertida en “zona de guerra”, con “destrozos millonarios y cientos de detenidos” tras la victoria del PSG. Barricadas, incendios de contenedores y vehículos, coches volcados, saqueos y ataques con morteros pirotécnicos y piedras contra las fuerzas del orden se repiten en París y otras ciudades. El Ministerio del Interior responde con un despliegue masivo de hasta 22.000 policías y gendarmes en todo el país.
Dos relatos, una misma noche
Así, mientras el Elíseo vende una postal de unidad nacional bajo el brillo de un bicampeón europeo, las cifras oficiales y las imágenes de “batalla campal” muestran un país donde la fiesta del fútbol se usa tanto para exhibir gloria como para medir la profundidad del malestar social.
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