Putin admite contactos con EE.UU. sobre una posible operación en Cuba

El presidente ruso, Vladímir Putin, admitió haber mantenido conversaciones con Estados Unidos sobre la posibilidad de una operación militar en Cuba, similar a la ocurrida en Venezuela. Las declaraciones surgen en un contexto de tensiones y en medio del apoyo reafirmado por Moscú a La Habana.
Putin admite contactos con EE.UU. sobre una posible operación en Cuba

Putin admite contactos con EE.UU. sobre una posible operación en Cuba Vladímir Putin ha reconocido que habló con Washington sobre una posible operación militar en Cuba “a la venezolana”. El dato reabre viejos fantasmas de Guerra Fría y coloca a la isla en el tablero más delicado de la geopolítica hemisférica.

Moscú: diálogo y disuasión

Desde la versión rusa, el mensaje es que hubo contactos, pero en clave de gestión de crisis. Putin admitió “comunicaciones directas” con representantes de la administración estadounidense para discutir “una eventual operación militar en Cuba” similar a la efectuada en Venezuela. La frase que lo resume todo es su escueto “¿Hubo contactos con la administración estadounidense sobre Cuba? Sí, los hubo”, sin aportar más detalles sobre el contenido o los compromisos asumidos.

El canciller Serguéi Lavrov, por su parte, envolvió el asunto en retórica de solidaridad revolucionaria: habló de “presión externa sin precedentes” sobre el pueblo cubano y reiteró la “firme solidaridad y apoyo” de Moscú a La Habana. Ese respaldo no es solo discursivo: Rusia ya envió a Cuba un petrolero con 100.000 toneladas de crudo para aliviar el asedio energético de Washington.

Oposición y críticos: alarma por un nuevo frente

Los medios críticos de los regímenes de La Habana y Caracas subrayan el ángulo más inquietante: el miedo del Kremlin a que “pase en Cuba lo mismo que en Venezuela”. Presentan la operación venezolana como un antecedente inmediato y a Cuba como el siguiente eslabón de una cadena de intervenciones encubiertas.

Donde Moscú habla de “apoyo geoestratégico” y de Raúl Castro como símbolo de “estoicismo, coraje, patriotismo y voluntad inquebrantable”, la oposición ve fragilidad: un aliado que necesita petróleo de emergencia y protección política para sobrevivir a las sanciones estadounidenses.

La gran diferencia de enfoque es clara: para el Kremlin, Cuba es un socio que se defiende del acoso de Estados Unidos; para la prensa opositora, es un escenario potencial de choque militar indirecto entre potencias, con la población cubana otra vez atrapada en el medio.

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