Muere recluso en Sucre; OVP eleva a 21 la cifra de fallecidos bajo custodia desde abril

El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) denunció la muerte de Víctor Alfonso Rivero en el Centro de Formación Hombre Nuevo de Carúpano, estado Sucre. Con este caso, la ONG eleva a 21 el número de reclusos fallecidos bajo custodia estatal desde abril, atribuyendo las muertes a la falta de atención médica y condiciones inhumanas.
Muere recluso en Sucre; OVP eleva a 21 la cifra de fallecidos bajo custodia desde abril

Muere recluso en Sucre; OVP eleva a 21 la cifra de fallecidos bajo custodia desde abril La muerte de Víctor Alfonso Rivero en la cárcel de Carúpano no solo engrosa una estadística macabra: desnuda dos relatos que chocan de frente sobre lo que pasa en las prisiones venezolanas. De un lado, ONG y medios críticos hablan de emergencia humanitaria; del otro, el silencio oficial convierte 21 muertes desde abril en un vacío político estruendoso.

OVP y prensa crítica: un patrón, no “casos aislados”

El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) contabiliza que “sube a 21 la cifra de reclusos fallecidos bajo custodia desde abril”, tras la muerte de Rivero en el Centro de Formación Hombre Nuevo de Carúpano. Efecto Cocuyo subraya que el OVP no ve estas muertes como “una sucesión de casos aislados”, sino como “una situación que exige la actuación urgente” del Estado y el seguimiento de mecanismos internacionales de derechos humanos.

Los reportes coinciden: cada fallecimiento está “asociado a la falta de atención médica, a la demora en traslados hospitalarios o a condiciones incompatibles con la dignidad humana” y constituye “una señal de alarma” para organismos nacionales e internacionales. Runrun.es resume el cuadro como una cadena de decesos que el OVP vincula directamente con el incumplimiento de las obligaciones del Estado garante sobre la vida y la salud de los presos.

Emergencia humanitaria vs. discurso oficial ausente

Mientras el OVP lanza la pregunta incómoda —“¿cuántas muertes más deben ocurrir para que se reconozca la emergencia humanitaria que existe dentro de cárceles y calabozos policiales?”—, las autoridades no ofrecen una narrativa alternativa verificable: no hay cifras públicas, ni explicaciones, ni planes de corrección expuestos con detalle.

La prensa opositora subraya además que en Venezuela “familiares asumen funciones que corresponden al Gobierno, como el suministro de alimentos, medicinas e insumos médicos, y que incluso gestionan traslados hospitalarios para intentar salvar la vida de sus seres queridos”. La Patilla lo traduce en un diagnóstico político: “sigue el luto en las cárceles venezolanas”, donde la acumulación de muertes se asemeja a una pena de muerte por abandono.

En la práctica, el contraste es brutal: de un lado, ONG y medios que documentan 21 muertes en dos meses y hablan de crisis estructural; del otro, un Estado que guarda silencio frente a una tragedia que ocurre, literalmente, bajo sus llaves.

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