Trump afirma que Venezuela es "un país feliz" y que "su gente" gobierna

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, describió a Venezuela como un "país feliz" y afirmó que quienes dirigen el país son "nuestra gente". Según Trump, la población está contenta debido a la mejora económica impulsada por la producción petrolera en colaboración con empresas estadounidenses.
Trump afirma que Venezuela es "un país feliz" y que "su gente" gobierna

Trump afirma que Venezuela es “un país feliz” y que “su gente” gobierna Venezuela, según Donald Trump, vive una especie de cuento petrolero: un “país feliz” gobernado por “nuestra gente”. En el terreno, sin embargo, la narrativa luce mucho menos idílica.

La versión Trump: petróleo, sonrisas y “nuestra gente”

Desde la Casa Blanca, Trump presenta los cambios en Caracas como un éxito económico y político made in USA. Defiende que, tras la captura de Nicolás Maduro y la reconfiguración del poder, la explotación de los recursos energéticos “ha transformado significativamente” la realidad económica, con más ingresos para el país y mejores condiciones para la población.

En su relato, Venezuela “se ha convertido en un país feliz”, donde la gente “está contenta, sonriendo” gracias al repunte petrolero y a la cooperación con empresas estadounidenses, mientras “las grandes empresas… las petroleras, están construyendo plataformas”. Trump presume una alianza win-win: “ahora están ganando más dinero para el país del que nunca antes habían ganado, y nosotros también estamos ganando mucho dinero”. Y remata con una frase que revela quién manda: quienes gobiernan hoy “son nuestra gente”.

La contranarrativa: felicidad en el discurso, no en la calle

Desde la oposición y medios críticos, la misma historia se lee al revés. El New York Times, citado por la prensa venezolana, sintetiza el choque: Trump dice que Venezuela es “un país feliz”, pero “los venezolanos no están de acuerdo”. La “insólita alianza” entre Trump y los nuevos líderes se vende como un triunfo total, pero contrasta con una población marcada por años de crisis y que no ve en los balances petroleros una mejora proporcional en su vida diaria.

Mientras Washington exhibe millones de barriles y acuerdos con Chevron o ExxonMobil, la pregunta sigue en el aire: ¿la felicidad que describe Trump está en Venezuela o en las planillas de ganancias de las petroleras?

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