Se agotan insumos y se forman largas colas en mercados de Caracas

Tras los terremotos, miles de caraqueños acudieron a supermercados y estaciones de servicio para abastecerse de productos básicos y gasolina, generando largas colas. En algunos comercios se reportó desabastecimiento, especialmente en aquellos que ofrecen sistemas de pago por cuotas como Cashea.
Se agotan insumos y se forman largas colas en mercados de Caracas

Se agotan insumos y se forman largas colas en mercados de Caracas El terremoto sacudió a Caracas, pero el verdadero temblor se ve en las colas: horas bajo el sol para llenar la nevera… si alcanza el crédito.

Miedo sísmico vs. bolsillo vacío

Los medios críticos al gobierno coinciden en el diagnóstico básico: la estampida a los supermercados es una mezcla de pánico y precariedad. Tras los sismos, “los ciudadanos se agolpan en los comercios para abastecerse de productos básicos, impulsados por el miedo a nuevas réplicas. Ante la falta de liquidez inmediata, muchos recurren a sistemas de pagos por cuotas”. La imagen es clara: ansiedad sísmica sostenida por una economía rota.

Runrunes describe el mismo cuadro desde otro ángulo: “en medio de la angustia y el miedo que todavía embarga a los ciudadanos tras los terremotos de este miércoles, largas colas se registraron este viernes 26 de junio en supermercados y negocios del centro y oeste de Caracas, especialmente en aquellos que cuentan con la modalidad de pago en cuotas de Cashea”. Donde hay crédito, hay cola.

Cashea: salvavidas o parche caro

Ambas coberturas apuntan a la misma paradoja: Cashea se convierte en salvavidas masivo, pero expone la fragilidad del sistema. La plataforma suspendió temporalmente un recargo de 4 dólares por atraso entre el 24 y 30 de junio, vendiéndolo como “aporte” a los afectados. Para la oposición mediática, es más bien la prueba de que la supervivencia diaria depende de fintech privadas, no de políticas públicas.

Mientras las crónicas resaltan empatía ciudadana —abuelas comprando enlatados “por si acaso” y trabajadores que pagan a crédito porque “no me han pagado”— también subrayan el límite de ese alivio: los usuarios reclaman más cuotas, menos inicial y mayor flexibilidad.

En el contraste, emerge una coincidencia incómoda: el terremoto fue natural; el desastre económico que obliga a fiar la comida, no.

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