Idenna desmiente entrega de menores a desconocidos

El Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna) desmintió categóricamente la información falsa sobre la entrega de menores de edad a personas desconocidas tras los terremotos. La institución aseguró que la reunificación familiar se realiza exclusivamente con padres o representantes legales tras un riguroso proceso de verificación.
Idenna desmiente entrega de menores a desconocidos

Idenna desmiente entrega de menores a desconocidos Idenna salió a apagar un incendio en plena emergencia sísmica: no el de los escombros, sino el de los rumores sobre niños supuestamente entregados a desconocidos. En un país hipersensible a cualquier señal de desprotección infantil, la batalla se libra ahora en el terreno de la credibilidad.

Lo que dice el Estado

La versión oficial es tajante: “información falsa y malintencionada” está circulando sobre el destino de los menores tras los terremotos. Desde el Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna) aseguran que no se entrega a ningún menor a personas desconocidas bajo ninguna circunstancia.

Ambos medios alineados con el gobierno remarcan la misma idea-fortaleza: la reunificación “se realiza de forma obligatoria y exclusiva con los padres o representantes legales”, solo después de un “riguroso proceso de verificación de identidad y filiación”. El mensaje político es claro: el Estado se presenta como garante absoluto, con niños y adolescentes como “prioridad absoluta” y con coordinación interinstitucional para su atención, alimentación y bienestar físico y mental.

Rumores vs. control del relato

Del otro lado no hay voceros con nombre y apellido, sino “redes sociales” convertidas en villano difuso. Idenna acusa campañas orientadas a generar temor y pide a la población “mantener la calma” y no difundir desinformación en plena emergencia.

La tensión está en lo que no se ve: sin datos independientes ni testimonios de familiares, el público debe escoger entre creer a un aparato estatal que históricamente busca controlar el relato, o confiar en cadenas anónimas que explotan el miedo más básico: el de perder a un hijo y no saber a dónde fue.

En esta disputa, la protección real de los niños se juega tanto en albergues y hospitales como en la transparencia con la que se maneje cada caso.

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