El gran impás de Bitcoin

Are u ready?
El gran impás de Bitcoin

Parece que tenemos un impás. En la historia del ser humano nos hemos enfrentado a ella una y otra vez.

¿Alguien sabe lo que es un impás?

En el lenguaje corriente, un impás es un punto muerto: una situación bloqueada en la que nadie puede avanzar y no se ve la salida.

Pero en los juegos de cartas es otra cosa. Un impás es una jugada: la maniobra del que, sin tener la carta más alta, lidera hacia ella apostando a que el rey está “en su sitio”, en la mano del rival que juega antes. Si la apuesta cae bien, ganas una baza que sobre el papel no te tocaba. Si cae mal, la pierdes. Es un riesgo calculado.

Un impás es una situación sin solución inmediata, por ejemplo a algunos nos gustaría que Bitcoin fuera usado como dinero el mayor tiempo posible. Pero Bitcoin Core nos quiere acentuar su política permisiva de datos arbitrarios en cadena.

Ahora si ambos nos rechazamos y nadie cede entonces tenemos lo que se llama un impás y ante la ausencia de un acuerdo

¿Cómo se resuelve una situación como ésta?

Hemos explicado nuestra situación claramente, y no ha quedado mas remedio que ser mas explícitos. Si no hay un acuerdo, los mas fuertes prevalecen.

Curiosamente, la decisión que hoy parte en dos a Bitcoin se entiende mejor con las dos acepciones a la vez.

BIP-110 —antes conocida como BIP-444— es una propuesta de soft fork temporal para limitar el almacenamiento de datos arbitrarios (imágenes, inscripciones y similares) en las transacciones de Bitcoin. Sus defensores lo resumen en una idea: que Bitcoin debería hacer una sola cosa y hacerla bien —ser dinero—. Sus críticos, como Adam Back o Jameson Lopp, advierten de que congela ciertos UTXOs, rompe compatibilidades con protocolos existentes y arriesga una bifurcación de la cadena.

Y aquí aparece el impás en su sentido de jugada: BIP-110 busca activarse por la vía de un UASF, con un umbral de apenas el 55% de la minería en lugar del 95% habitual. Es exactamente una finesse: la apuesta de que los usuarios y los nodos —no los mineros— son los que mandan.

Los pesimistas miran el señalamiento actual —apenas medio punto porcentual frente al 55% necesario— y dan la jugada por perdida. Pero hay algo que no están teniendo en cuenta.

El mecanismo no depende solo del señalamiento voluntario. Si no se alcanza el 55% antes, se entra en el periodo de mandatory signaling: los bloques 961.632 a 963.647, una ventana de reajuste completa de unos 2.016 bloques (alrededor de dos semanas, del 7 al 21 de agosto de 2026 aproximadamente). Durante esa ventana, cualquier bloque que NO señalice el bit 4 es rechazado como inválido por los nodos que aplican BIP-110.

Y ese es el punto clave. Para un minero, señalizar en ese periodo tiene coste cero: pones un bit y sigues cobrando exactamente las mismas comisiones, incluidas las de las transacciones con datos. No señalizar, en cambio, significa arriesgarse a minar bloques que no son universalmente válidos, a quedarte huérfano. Coste cero frente a un riesgo muy alto. La teoría de juegos solo apunta en una dirección.

El coste de verdad para los mineros no llega hasta después. Tras el lock-in (bloque 963.648) viene un breve descanso de otra ventana de reajuste (otras dos semanas) y, ya en el bloque 965.664 —en torno al 1 de septiembre de 2026—, empieza el periodo de reducción de datos, que se extiende unos 52.416 bloques: cerca de un año, hasta septiembre de 2027 aproximadamente. Ahí sí: menos ingresos por transacciones con datos arbitrarios. Sobre ese tramo se puede y se debe debatir.

Pero a mí me da que será una profecía autocumplida. Cuando hayan pasado todo el periodo de mandatory signaling y el descanso posterior, ya nadie podrá decir que no se le avisó: todos habrán sido debidamente informados del deseo de los node runners de seguir adelante con la reducción de datos.

Así que Bitcoin está, literalmente, en un impás doble. Alguien ha decidido intentar la finesse. Y, mirando bien el reparto, puede que el rey esté en su sitio.

A ver cómo cae la baza.


Write a comment
No comments yet.