Para despedir a Edgar Morin
Corrían los años de la segunda mitad de la década de los años ochentade la pasada centuria. Yo, a la sazón, contaría tal vez con unosveintiocho años y estudiaba la carrera de Historia en la Facultad deHumanidades y Educación de la ilustre Universidad de los Andes deMérida, en Venezuela. Yo había ganado un Concurso de Preparaduría enAntropología I y II adscrita al Departamento de Sociología yAntropología de la misma Universidad y no salía de la Biblioteca yHemeroteca de Humanidades. A lo largo de toda la semana interactuaba ydialogaba tenaz y vehementemente con interlocutores profesorales yacadémicos de la talla de los profesores e investigadores como:Roberto Chacón, Oscar Pérez, Jacqueline Clarac de Briceño, JuanSánchez, Luz Pargas, Ana Rita Tiberi, Humberto Ruíz, además de una unabrillante pléyade de docentes consagrados en cuerpo, vida, alma ycorazón al estudio sistemático de las ciencias sociales y humanas.